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  • Adrianne Robinson

Amor... Un instante episódico

Actualizado: 29 de abr de 2018




Durante un tiempo, las ideas plátonicas de El Banquete y mi predilección por esa clase de películas al estilo The Notebook, surtieron en mí un efecto similar al de Tom Hansen (500 Days of Summer) y su mala interpretación del film El Graduado. En consecuencia, con la idea de que la felicidad se la encuentra con alguien y que hay una persona ideal para cada uno, intuí que un día en un instante episódico, conocería a una persona diferente del resto. Alguien con quien podría descubrir aquello que hace de un romance algo de película.


Meses atrás tal esperanza se proyectó en una relación intensa y vivaz que comenzó desde el primer día. Un instante episódico ocurrió al encontrarme con una bella mujer de mirada cándida y nombre de país. Con ella, la poesía -que poco me interesaba- cobró sentido al igual que las letras de las canciones, las cerezas y un 'Te quiero'. Y no sólo fue significativa para mí, sino que fue alguien con quien pude vivir el romance de película. Por desgracia fue tan efímero, que en su efervescencia no quedó rastro alguno de un "Continuará...", dejándome no más que un sentimiento de ternura hacia ella.


Luego de pasar por eso dudé de la existencia de ese alguien ideal para cada uno, pero no la olvidé del todo. Transcurrido el tiempo, el semestre iniciaba y un día camino a clase divisé entre los árboles una figura que rápido captó mi atención. Estaba allí, sentada sola y en silencio, con un aura de paz envidiable. Con extrañeza me descubrí mirándola en total mutismo, al tiempo que sentía el eco de un fuerte pálpito en el pecho. Quise hablarle, pero más fuerte fue mi timidez y me marché.


Días después en la universidad, al no volverla a ver sentí un leve arrepentimiento por no haberle dicho nada antes, deseando otra oportunidad de coincidir con ella. Empero, dejé el asunto de lado y ante la incredulidad de casualidades de película, sonreí con tristeza. No obstante, lejos de cualquier expectativa, un día el instante episódico ocurrió. Fui a la universidad, llevé mi guitarra y me puse a cantar junto a una amiga. Al terminar escuché que alguien aplaudía y de pronto; me encontré ante la presencia de la encantadora mujer, ahora aproximándose hacia mí. Con asombro la escuché decirme amablemente su nombre. Se sentó delante mío y a medida que conversábamos me enteré que venía del extranjero por el semestre y que estudiamos lo mismo. Platicamos durante un par de horas y luego se despidió sonriente. Me tomó unos minutos asimilar que lo ocurrido no era un sueño, pensando: ¿Me equivoqué? ¿No es esto como en una película? Desear una oportunidad con alguien y que un día, sin más ni menos, mi deseo se cumpla.


Poco a poco nos fuimos conociendo. En una ocasión, salimos y caminamos por un bosque de eucaliptos hablando sobre la libertad y nuestros ideales, y al sentarnos en un pequeño lugar -después de un breve silencio- le pregunté: ¿Sientes que le has cambiado la vida a alguien? "Sí, y ¿tú?" -inquirió-; a lo cual contesté, "tal vez a mi mamá", riendo ya que no supe qué responder. Mientras hablábamos noté que se acercaba con una mirada risueña. Nos tomamos de las manos por un momento, y tras una plática abierta sobre el agrado mutuo que sentíamos, estuvimos de acuerdo en seguir, paso a paso, como en los romances de antaño.


Pasaba el tiempo y cuando nos veíamos nuestras charlas eran profundas. Hablábamos de una variedad de temas, desde nuestros sueños hasta las abejas, descubriendo cosas en común, bromeando, y compartiendo. Me alegraba tanto saber que mis expectativas sobre la persona ideal no estaban tan lejos de la realidad si de ella se trataba. No sólo era bonita, era un ser sumamente inteligente y carismático. A medida que la conocía mi admiración por ella crecía. ¿Por qué? Su amor por la vida y la naturaleza, su idealismo, su empatía y sus convicciones, la hacían una mujer excepcional.


Semanas después y a su regreso -luego de un corto viaje- salimos nuevamente. Por desgracia, al verla esa tarde supe que esta historia terminaría. En el fondo, quise expresarle la zozobra y la confusión que sentía, pero preferí callar. Fue ella quien tomó la iniciativa preguntándome qué pensaba acerca de nosotros y, disimuladamente contesté; “Me siento bien”. Por su parte, fue sincera conmigo reconociendo que ella no se sentía así. "Comprendo" respondí, pensando ¿qué hacer?, en tanto veía con desilusión cómo se desvanecía ese algo que pudo ser. Tal fue la paradoja: finalmente sentía que encontraba una persona especial -diferente del resto-, que estaba ahí justo delante de mí, a la vez que presenciaba con impotencia cómo pasaba por mi vida sin saber siquiera que, ella representaba mucho de lo que yo buscaba en alguien.


Al regresar a casa, en medio de la tristeza, no hice más que escuchar a Regina Spektor cantando una parte de Hero; "Right, it's alright, no one's got it all" (Bien, está bien, nadie lo tiene todo), como en (500) Days of Summer. Esa fue la película con la que me identifiqué, porque no siempre el enamoramiento es correspondido y en algún momento, cada uno experimenta la desilusión de un amor frustrado: lo que no fue con quien pudo haber sido.


Pasaron algunos días y conversé con Teresa Borja, Psicóloga y Catedrática de la USFQ, quién fue mi profesora en la clase de Psicología del Amor. Entonces, me explicó que "cuando nosotros nos enamoramos, no precisamente lo hacemos de la persona, sino de lo que ella nos hace sentir". Por eso, el enamoramiento o amor romántico al ser tan intenso y brutal, ¡nos encanta! ¿Quién no quisiera vivirlo? ¿A quién no le gustaría, que de repente, esa persona de nuestros sueños aparezca y nos hable? ¿Quién no desea querer y ser correspondido?


Durante esa conversación, además, me fue posible comprender que no está mal buscar a alguien que sea emocionalmente significativo. Es decir, alguien que nos alegre, nos acompañe, y nos aprecie. Sin embargo, si esa persona no es recíproca o no es lo que imaginamos, tenemos que aceptar la desilusión, darnos cuenta que es parte de la vida. Porque no todas las historias son un romance, y no todos los romances tienen un final feliz.


Además, me explicó que en el camino encontramos personas que satisfacen ciertos niveles de expectativas siendo mucho de lo que buscamos, pero no siempre lo llenan todo y no por eso debemos limitarnos. Merecemos la posibilidad de descubrir y de ser descubiertos, de encontrar personas -afirmó. El amor romántico, genera mucha alegría, pero puede provocar mucho dolor. Sin embargo, no es el único amor que existe porque los seres humanos poseemos una enorme capacidad de amar, de múltiples maneras -agregó. Los amores frustrados nos llenaron de energía en su momento y aunque no se dieron, podemos agradecer haberlos vivido. La vida nos da y nos quita, estamos hechos para tener y para perder.


Pero, ¿si estas experiencias nos desilusionan y nos producen tristeza, no sería mejor olvidarlas? -pregunté.


No tienen que olvidarse, ¿para qué? Olvidar es quitarme lo que soy, y lo que soy es gracias a todo lo que he vivido (incluidas mis vergüenzas, mis alegrías, mis tristezas, mis miedos). Entonces, manifestó lo siguiente:


"Yo quiero recordar el dolor de un amor frustrado, la alegría de un amor casi tenido y nunca llevado a cabo, la curiosidad de lo que hubiese sido y nunca fue, el interés por saber algo que nunca sabré; la vergüenza de haber perdido, el miedo de tener y no saber qué hubiera pasado si hubiese tenido. Yo no quiero olvidar lo que sentí, y tampoco a las personas que amé."

El amor implica lidiar con los desencantos, y también, asumir lo contingente: lo que puede o no ser.


Hay personas que han llegado a significar mucho para mí. Cuando las recuerdo, es como si mirara con emoción a las mariposas posarse sobre mi mano, siendo ese, un instante episódico. La vida está llena de ellos y aunque esas mariposas han venido para irse, en su breve compañía, han dejado una huella.


Lo que es, pertenece imborrablemente a la existencia:

podrá dejar de ser, pero nunca dejará de haber sido.


Santo Tomás de Aquino




Créditos: Teresa Borja, PhD - Profesora de Psicología, Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad San Francisco de Quito.


Foto: Diariocorre.pe - Mariposa Monarca

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