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  • Esteban Vivar

De la Marea Rosa a un Océano de Corrupción



"La Marea Rosa", de esta forma se describió la tendencia de países latinoamericanos en adoptar políticas de izquierda, y representantes que las cumplieran. Y durante más de una década, la tendencia se volvió ley.


Sin embargo, hoy en día dicha tendencia ha tomado un rumbo opuesto, y tanto el destino de sus representantes, como de sus ciudadanos, es incierto. La Marea Rosa ha dejado a su paso un Océano de corrupción, con excepciones claro está, no obstante sigue siendo un legado polémico para la región.


Si bien es cierto que se han adoptado políticas que benefician a la igualdad social, igualmente han existido unos niveles de corrupción y negligencia nunca antes vistos.


Lamentablemente, esto ha llevado a una radicalización hacia la derecha, que tampoco es ninguna solución.


Entonces, ¿Cuál es la solución?


En política no existe una solución perfecta, pero esta claro que para poder gobernar un país, en especial uno como el nuestro, es absolutamente necesario mantener cierto tipo de derechos cubiertos. Entre los más importantes están, el derecho a la educación, a la salud y a la seguridad social. Por esta razón, estos derechos deben ser públicos, no privados.


En Finlandia, por ejemplo, uno de los países más desarrollados en educación del mundo, eliminó por completo la educación privada, ya que ellos entendieron que la educación no puede ser un negocio de pocos, y un privilegio de menos.


Como resultado, los hijos de los ricos y los hijos de los pobres, estudian mano a mano en la misma aula de clase. Esto no solo hace que la sociedad sea mucho más incluyente y abierta, también destruye prejuicios, desigualdades y abusos, que en un futuro cercano, se hubieran convertido en un verdadero problema social. Igualmente, al estar incluidos los grupos de mayor fuerza adquisitiva del país, se asegura que la educación sea de calidad para todos.


Claro está que no podemos desarrollar políticas públicas a lo copy/paste en el Ecuador, pero si podemos intervenir en la única herramienta que puede acabar con la corrupción, la educación.


Existen varias razones por las que la corrupción se enaltece en los gobiernos de la región, independientemente de si se es de Derecha o Izquierda. Lamentablemente, en la mayoría de países latinoamericanos, la administración pública se aburguesó. Esto no puede ocurrir, en especial en gobiernos de izquierda y en países tan pequeños como el Ecuador; fiestas, eventos, galas y demás kermeses al estilo Napoleónico, siembran una cultura de derroche y excesos.


Cabe recalcar que las instituciones están llenas de personas que solo buscan un pedazo del pastel, no existe una cultura de beneficio comunal, sino individual. Esto también se debe al sistema económico en el que vivimos; se glorifica el capital y no las personas.


Además, cuando la impunidad gobierna, también lo hace la corrupción. Esto sucede especialmente en los bajos estratos de una burocracia, ya que al ser sumas pequeñas de dinero, se necesitaría una capacidad de regulación descomunalmente grande para notarlo. Sin embargo, cuando impera un Estado sin garantías de fiscalización o pena, los altos mandos no solo se enfocan en la corrupción económica, sino en el abuso del poder por el poder.


Todos hemos observado en la calle carros de alta gama, con vidrios polarizados y sin placas; la firma insignia del abuso de poder derivado del anonimato, de un panóptico que todo lo ve, pero nadie puede saber quién es.


Y en base a estos parámetros, entramos en una dicotomía: Pagar sueldos más altos para que no roben o filtrar a personas que no roben para que gobiernen el país; pero eso no es suficiente. Además de ser una persona honesta, debe ser capaz de poder manejar un país; las opciones se reducen al mínimo.


La punibilidad es la única garantía que tenemos frente al crimen organizado Estatal. Y frente a los incapaces, la única garantía que tenemos es el voto a conciencia y la vigilia permanente.


La verdadera democracia se da, cuando la ciudadanía vota racional y objetivamente por los mejores planes de gobierno. No por la subjetividad del romanticismo, que tarde o temprano llevan a un radicalismo. Y la única alternativa perdurable de lograrlo, es devolver la democracia verdadera al pueblo, a través de la educación.




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