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EEUU bombardea Siria en coalición con Francia y Reino Unido



En una calculada operación militar, EE.UU atacó en coordinación con Francia y el Reino Unido al régimen de Bachar El Asad por el supuesto empleo de gas cloro contra la población civil de Duma (Siria). “Esta malvada y despreciable agresión no es obra de un hombre, fueron los crímenes de un monstruo”, declaró el presidente Donald Trump en un discurso en el que prometió mantener el pulso hasta que Siria abandone el uso de agentes prohibidos. La represalia, presentada como un "golpe de precisión" contra centros de producción y almacenamiento de armas químicas, evitó cuidadosamente el riesgo de escalada. Pero también envió una señal a Rusia e Irán: Trump les hizo saber que Estados Unidos, bajo su mando, no titubea, dispara. "Misión cumplida", festejó en un tuit esta mañana.


El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha calificado de "agresión contra un Estado soberano" el ataque de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña contra Siria. El líder ruso cree que EEUU está ayudando con este ataque a los terroristas que operan en el país y que "van a empeorar más una catástrofe humanitaria en Siria, llevando el sufrimiento a la población civil".


Según Putin, la actual escalada en la crisis siria tendrá "un impacto devastador en todo el sistema de relaciones internacionales" y en cuanto a una posible ola de refugiados. Sin embargo, la historia aclarará las cosas en este caso, igual que "ya ha encontrado a Washington responsable de las masacres en Yugoslavia".


El Ministerio de Exteriores ruso ha lamentado que se ataque Siria justamente cuando el país tenía "una oportunidad para la paz", en referencia al proceso negociador que lidera Moscú junto a otros gobiernos.


Tras seis días de redoble de tambor, Trump ordenó el ataque. Entre los blancos elegidos figuró un centro de investigación cerca de Damasco, así como un almacén y un puesto militar, en Homs. “Nuestro objetivo es lograr una disuasión fuerte. Estamos preparados para mantener la respuesta hasta que el régimen de El Asad dejé de usar estos agentes prohibidos”, remachó el presidente.


Consciente de que el tablero sirio encierra a más de un jugador, el mandatario se dirigió enfáticamente a los aliados de Damasco. “A Irán y a Rusia, les pregunto: ¿qué clase de nación quiere ser asociada al asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes? Ninguna nación puede tener éxito a largo plazo promoviendo estados fallidos, tiranos brutales y dictadores asesinos. Rusia debe decidir si prosigue por la senda oscura o si va a sumarse a las naciones civilizadas como una fuerza de estabilidad y paz. Ojalá algún día podamos ir con Rusia, e incluso con Irán”, afirmó.


Por su parte, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, apuntó a los medios occidentales que propagaron informaciones sobre el supuesto ataque con armas químicas contra la ciudad siria de Duma como responsables de la ofensiva.


"La Casa Blanca ha declarado que su certeza del ataque químico (por parte) de Damasco se basa en los medios de comunicación, informaciones sobre los síntomas (de las víctimas), vídeos, fotos e informaciones de confianza. Después de esta declaración, los medios estadounidenses y occidentales deben entender su responsabilidad" en el ataque contra Siria, escribió Zajárova en Facebook.


La diplomática rusa recordó que "hace 15 años", para justificar el inicio de la guerra contra Irak, "la Casa Blanca usó una probeta y a su secretario de Estado",Colin Powell.


El ataque a Siria forma parte de una historia interminable. Trump, un aislacionista nato, siempre ha deseado salir del país y anoche, en plena sacudida militar, no lo ocultó:  “No nos hacemos ilusiones, no podemos purgar el mundo del mal, ni actuar en todos los sitios donde hay tiranía. No hay sangre americana suficiente para lograr la paz en Oriente Próximo. Podremos ser socios y amigos, pero el destino de la región está en manos de su propia gente”.


La devastación buscaba un rédito político. Si Barack Obama, bajo la promesa rusa de retirada del arsenal químico, había descartado intervenir en 2013 ante un ataque que segó la vida a 1.400 civiles, con Trump las cosas iban a ser distintas. La nueva Administración estaba dispuesta a morder por mucho menos.


Con el frente exterior despejado, sin oposición interna, poco antes de las 21.00 del viernes Trump dio la orden. Un centenar de misiles de crucero Tomahawk fueron disparados. Casi el doble que el año anterior. La intervención contó con apoyo de bombarderos B-1. El Reino Unido aportó cuatro Tornado GR4s; Francia, dos fragatas y aviación.


Para justificar el paso, el alto mando estadounidense insistió en que, desde el jueves, no les cabía dudas de que Siria había empleado gas de cloro en su ofensiva a Duma. La Casa Blanca abundó en esta acusación y señaló que disponía de fotos con víctimas que presentan daños compatibles con el uso de agentes químicos, relatos de personal médico, datos de inteligencia y testimonios directos.


“Desde la ofensiva del 7 de abril de 2017, hemos registrado 30 incidentes separados en los que Siria ha empleado armas químicas, incluido un ataque con gas sarín el noviembre pasado. Rusia e Irán comparten responsabilidad por las brutales acciones del régimen de El Asad”, afirmó la Casa Blanca.


Pese a los deseos de Trump de abandonar el campo de batalla sirio, la operación aumenta la implicación de EEUU y el riesgo de escalada del conflicto. En el último ataque, Rusia elevó la voz pero dejó que la tensión se enfriase. Ayudó que Trump evitase el encontronazo con Moscú. Ahora, la relación con Vladímir Putin se ha deteriorado. El presidente estadounidense le ha culpado con nombre y apellidos de lo ocurrido en Duma y se ha mostrado furioso por su contumacia en apoyar a El Asad. Aún así, ha dejado una puerta abierta al diálogo y ha dado un golpe diseñado para minimizar la represalia rusa. “Estados Unidos tiene mucho que ofrecer, su economía es la mayor y más poderosa en la historia del mundo”, dijo anoche.


La débil reacción de Rusia e Irán indican que el futuro de la región seguirá donde ha estado siempre: en la cuerda floja. Devorado por la violencia y sometido a las erupciones de un volcán donde chocan a diario los intereses de las grandes potencias.


Las bombas han caído. Damasco ha vuelto a ser golpeada. Poco se logró el año pasado y nadie sabe si la nueva intervención contendrá la sangre. La disuasión en esta zona es más una promesa que un hecho. Tras siete años de guerra, medio millón de muertos y diez millones de desplazados, Siria sigue siendo una tierra oscura para la esperanza.

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