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Hablemos sobre el Amor y La Pareja


The Kiss de Gustav Klimt

“El amor hace posible la paradoja de dos que se vuelven uno sin dejar de ser dos” (Fromm, 1956)

Antes de hablar sobre la pareja, hay que hablar sobre el amor. Pero ¿Qué es el amor? A lo largo de la historia se ha entendido al concepto del amor desde distintas posiciones y sentidos, sus definiciones han sido bastante amplias y por lo general no se ha llegado a un consenso de la representación de este concepto. De todos modos, siguiendo la idea de la diversidad de posiciones y sentidos que se puede otorgar a una palabra, queremos brindarles una perspectiva de cómo concebimos al amor.


El biólogo Humberto Maturana, en sus diferentes investigaciones en el campo de la biología, ha demostrado que el ser humano es inseparable de la sociedad. Y que, la estructura de las personas es concomitante al sistema en el que se encuentra inmerso. Es decir, un cambio en la estructura social implica un cambio en la estructura de los individuos. De hecho, Maturana (1995) ha demostrado, desde la biología, que los sistemas para lograr conservar su organización se adaptan a su propia estructura. O sea, a la del medio al que pertenecen.


Así mismo, es importante comprender que las personas son seres íntegros, y dicha integridad implica que el ser humano sea biopsicosocial. Primero biológico, después individuo y luego individuo en sociedad. En ese orden. Pues ¿Quién puede vivir sin comer ni dormir? ¿Quién habla por nosotros? Voz que muchas veces reproducimos a través de la información que recibimos, sin cuestionarla. Permitiendo así, que alguien más hable por nosotros. ¿O con quién hablamos lo que hablamos? Entonces sí, somos biopsicosociales.

En consonancia con lo planteado, Maturana menciona que somos seres sociales y solo existimos en sociedad. Por tanto, podríamos decir que nos “duele” no pertenecer. Además, muchas veces podemos renunciar a nuestra singularidad humana con tal de sentirnos aceptados por nuestro entorno. De hecho, el mecanismo fundamental de la interacción según dicho autor, es el lenguaje y como sólo existimos en sociedad, muchas veces podemos limitar nuestro lenguaje con tal de pertenecer al medio.


En definitiva, Maturana (1995) plantea que el lenguaje nos permite ver el mundo donde vivimos y de esta manera rechazarlo o quererlo. Así como menciona que el amor es: un espacio de existencia para el otro como ser humano, junto a uno. Por tanto, podríamos decir que el amor implica aceptar y querer el lenguaje del otro. Aceptar su existencia (diferencia) con nuestra diferencia. Por otra parte, el médico y terapeuta familiar Juan Luis Linares (2002), define que el amor tiene 3 componentes: el reconocimiento, la valoración y el cariño. Entendiendo a los mismos como el reconocer la singularidad del otro, valorar dicha singularidad y demostrarlo con con algún gesto o conducta que represente cariño.


Es así que el enfoque que hemos decidido otorgado al amor, es desde lo que los autores mencionados anteriormente han planteado. Es decir, esta condición de espacio para la aceptación incondicional por parte de un individuo frente a otro, brindando un sitio de existencia junto a uno, sin negar, mucho menos reprimir, su singularidad y libertad de actuar.


Amándolo tal y cómo es. Amándolo en su desarrollo. Ese sentido hemos elegido dar al amor. Y es que el universo y la naturaleza, de los cuales somos parte, ¡nos hablan! Pues, el universo opera bajo ciertos principios y uno de ellos es la ley de los opuestos (Engels, 1979).


Dicha ley menciona que para que exista cambio, desarrollo, energía, debe existir algo contrario. Por ejemplo, una pila para que genere energía debe tener un polo positivo y otro negativo. Si revisamos las fuerzas fundamentales cómo la gravedad, magnetismo, etc. Todas ellas funcionan en base a estos principios. No se trata de unificar todo y explicar las cosas desde un mismo punto. Los opuestos se juntan para que exista energía, movimiento, cambio y/o desarrollo.


Por lo tanto, podemos resumir, que para que haya crecimiento en cualquier ámbito, hay que aceptar las diferencias. Ya que de esta manera es posible dar paso al amor y por ende a la existencia.


Ahora bien, para abordar el ámbito de pareja, es pertinente entender: ¿Cómo se forma la pareja? Empieza cuando dos personas que se conocen o no, comienzan a interactuar y en dicha interacción se manifiestan conductas y lenguaje con similitudes y diferencias (Roizblatt, 2006). Con la repetición de esta interacción emergen reglas y acuerdos tanto implícitos cómo explícitos. De esta manera, se establece la pareja. Se crea un sistema con ciertas características donde hay ciertos patrones de conducta, reglas y parámetros en la interacción de dichos sujetos, llegando a un equilibrio con el cual ambos regulan su conducta. En otras palabras, en el sistema que se crea, cada persona asumirá un rol, según las expectativas que tenga en mente acerca de la relación que quisiera llevar frente a la otra persona. Así como dicho rol estará influido por las expectativas que la otra persona tiene sobre la otra.


Todas estas observaciones se relacionan también con la particularidad de cada individuo, pues las personas crecen en contextos de: familia, escuela, comunidad, etc. ¡En todo caso, diferentes! Poseen personalidades distintas y tienen objetivos, valores, etc. También diferentes. Es así como los conflictos, los cuales son normales y necesarios, empiezan. Puesto que en las discrepancias hay una tensión en la negociación de los acuerdos del sistema que está por crearse (Roizblatt, 2006). De esta manera, el conflicto puede ser una oportunidad de mejorar o no.


Mientras tanto, no olvidemos que, como seres sociales que somos, también estamos influidos, y regulamos nuestro comportamiento por nuestro entorno social. La socióloga Eva Illouz (2012), hace referencia a la “ecología de elección”, entendiendo a este término sobre cómo el entorno “impulsa” a las personas a optar por ciertas elecciones de pareja. Según dicha autora, se podría percibir a las personas como un conjunto de códigos corporales, lingüísticos e indumentarios, manipulados a conciencia por la publicidad, diferentes marcas, las telecomunicaciones, etc. Orientado a despertar cierto interés en el otro.


Es decir, diferentes entidades legitiman lo que es bueno o malo, lo que es bello o es feo, promoviendo el consumo de ciertos productos (¿personas?). De esta manera la pareja podría constituir un mercado, en el sentido de que las personas eligen ciertos atributos impuestos, buscando coincidir con un universo público de representaciones corporales y conductuales específicas.


De manera análoga, reflexionemos sobre ¿Cómo los avances médicos han influenciado en las relaciones de pareja? En el siglo XX con la aparición de los métodos anticonceptivos, las parejas podían con mayor facilidad reducir el número de hijos o hijas que deseaban tener, o podían elegir no tener hijos/as. Esto a su vez, cambió la percepción que tenían las mujeres sobre su rol en la sociedad. Por ejemplo, la mujer accedió a los derechos civiles. Todo esto parece confirmar, que la cultura influye en el ser humano y los distintos cambios y avances en el mundo (no solo los avances médicos), implican distintos cambios en las personas y por ende en la pareja. Es decir, parecería que tanto el rol del hombre como el de la mujer, han cambiado dentro de la estructura de pareja hoy en día.


Todas las ideas anteriormente descritas nos ayudan a plantearnos el contexto de la pareja. Pues, las personas tienen elecciones influenciadas por la sociedad y además, al momento de crear su sistema-pareja tienen que llegar a acuerdos con sus diferencias, construyendo así las reglas bajo las cuales interactuarán con su semejante. Suena difícil llegar a consensos y lograr construir una relación de bienestar con alguien, ¿Verdad?


Para nosotros, la clave es el amor del cual les hemos hablado, y cómo la responsabilidad de cualquier cambio lo tiene cada persona. Creemos que el amor debe empezar primero con nosotros mismos. Tener un amor propio con el cual demos espacio al valor de ser y hacer con libertad. Ya que, si somos coherentes, también podemos estar con el otro sin exigir o reprimir cosas de él o ella. En lugar de eso, podemos reconocer y valorar la integridad de su ser. Quizás con ese amor sea posible construir, mediante el diálogo y entendimiento mutuo, un espacio de hábitos en común donde prime el respeto y la aceptación, dando un sentido al accionar frente al otro. No olvidemos que el universo nos cuenta que todo está en constante cambio y son necesarios los opuestos. Entonces, con amor y acuerdos podemos crecer individualmente y como pareja. Crecer juntos, no iguales.


A veces pasa que intentamos poseer al otro, tratándolo como un bien apropiable, o sea, un humano que se convierte en objeto y es controlado. De esta manera negamos su existencia y no damos interés a su integridad. De hecho, muchas veces se asume que conocemos más a la otra persona que él/ella mismo. Valoramos más nuestra percepción (la comprensión de la interioridad del otro se construye a partir de propios esquemas) que la que el otro tiene de sí mismo y con esto se piensa que lo que siente o cree la pareja es equivocado, y lo que uno mismo ve es justo y saludable para él o ella (Vera, 2013). Quizás en esa instancia debamos reflexionar sobre cuánto nos amamos a nosotros mismos.


De todos modos, creemos que al momento de empezar a construir nuestro sistema-pareja, es importante dar espacio al entendimiento mutuo y al amor para comprender al otro en sus diferencias y su desarrollo constante. Reconocer que, en el crecimiento del otro, cada acción que realiza él o ella, transforma su realidad y por ende a si mismo.


Por lo tanto, es necesario en quien ama, una diferente forma de actuar con el otro, dando paso a nuevos consensos y ajustes personales y de pareja, que permitan el crecimiento, tanto individual como grupal. En efecto, las personas conforme pasa el tiempo, tienen nuevas sensaciones, pensamientos, necesidades y objetivos de vida. Entonces, ¡sí! Son necesarios nuevos acuerdos.


Para concluir, creemos prudente preguntarnos y preguntarles ¿Qué queremos hacer con el conflicto qué emerge al momento de empezar una relación? El cual es natural y necesario. ¿Qué significado queremos otorgarle al conflicto? ¿De mejorar o de qué? ¿Qué queremos construir y para que lo queremos construir? ¿A qué acuerdo queremos llegar? Quizás todo consenso debe partir desde el amor. Al fin y al cabo, el pacto debería ser nunca dejarnos de amar. A eso nosotros le llamamos sinergia. A eso, le llamamos amor. Espacios donde emerja el amor y se pueda escribir en pareja una historia de bienestar. Una historia de amor y de alternativas...


¿Y si no hablamos del amor ni de la pareja, sino de amar?







Referencias:

Engels, F., & Haldane, J. (1979). Dialéctica de la naturaleza (Vol. 36). Crítica. Illouz, E. (2012). Porque duele el amor. Una Explicación sociológica. Madrid, España:

Katz.

Linares, J. L. (2002). Del abuso y otros desmanes: el maltrato familiar, entre la terapia y el control. Barcelona, España: Paidós Ibérica.

Maturana, H. (1995). Desde la biología a la psicología. Viña del Mar, Chile: Synthesis. Roizblatt, A. S. (2006). Terapia familiar y de pareja. Santiago, Chile: Mediterraneo.

Vera, M. S. (2013). Amor, alteridad e identidad personal.

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