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  • Emilio Granja

Hollywood: El espejo de nuestra sociedad


A finales del 2017, el New York Times y el New Yorker sacaron un reportaje en donde una decena de mujeres acusaron a Harvey Weinstein de acoso sexual. Weinstein, productor de cine y ejecutivo de The Weinstein Company. También fue el creador de Miramax Films, productora que luego de ser comprada por Walt Disney, cerró sus puertas en 2005. Entre las películas que las compañías de Weinstein han hecho se encuentran: “Pandillas de Nueva York”, “Good Will Hunting”, “Pulp Fiction”, “Inglorious Bastards”, etc. Es evidente que las compañías de Weinstein habían creado grandes películas, asociándose con directores de gran renombre como Quentin Tarantino o Martin Scorsese y junto a grandes actores como Daniel Day-Lewis, Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Angelina Jolie, Uma Thurman, Salma Hayek Johnny Deep, George Clooney o Matt Damon.


Cuando la noticia salió en octubre desató un gran escándalo del cual recién se están empezando a notar sus consecuencias. Hasta la fecha han habido más de 100 denuncias de mujeres relacionadas al show business. Las actrices que han confirmado que él hizo avances inapropiados hacia ellas se encuentran Cara Delavinge, Salma Hayek, Lena Headey, Angelina Jolie o Uma Thurman. Por otro lado, actrices como Paz de la Huerta han denunciado que Weinstein las violó. Es evidente que luego de la publicación de ese reportaje y las posteriores denuncias de muchas de las actrices que trabajaron y que no trabajaron con Weinstein, han dando un enfoque acerca de Hollywood que ha sido ignorado. El mismo Matt Damon confirmó en una entrevista que sabia que el productor era un matón y que sabía de lo que había sucedido con las actrices como Gwyneth Patrow, quien en ese entonces se encontraba en una relación con Ben Affleck, uno de los mejores amigos de Damon. Según el actor, Paltrow no necesitaba su ayuda para enfrentarse a Weinstein y además aclaró que no estaba del todo enterado sobre las acusaciones.


Las consecuencias de las denuncias hacia Weinstein han tenido varias repercusiones. El productor fue despedido de The Weinstein Company, retirado de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, y condenado desde todos los ámbitos sociales posibles. Es muy probable que su carrera haya quedado enterrada. Sin embargo, el caso Weinstein ha dado indicios, síntomas de algo más que se ha producido en la industria cinematográfica.


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Paralelo a lo que ocurría con Weinstein, otro actor de gran renombre era acusado de abusos sexuales. Anthony Rapp tenía 14 años cuando se encontraba grabando Star Trek: Discovery junto a un jovencísimo Kevin Spacey. Rapp relataba que Spacey le invitó a una fiesta en donde luego de que se quedaran solos, Spacey intentó seducirle. 36 años después, el actor decidió denunciarlo públicamente. Para el récord, yo era un gran admirador de Spacey y de su personaje insignia de la serie de Netflix House of Cards: Frank Underwood. No quería creer que lo que estaba ocurriendo era cierto. Imaginen mi decepción cuando leí la declaración emitida por el actor. En palabras generales, Spacey decía que no recordaba del evento con Rapp, lo atribuía a un comportamiento de estado de ebriedad y finalmente, salía del closet. Spacey pedía disculpas sobre su comportamiento pero a la vez, dejaba una sensación de una intento de aplacar las acusaciones de Rapp al declarar su homosexualidad.

Y de nuevo, veíamos un efecto bastante parecido al de Weinstein. Numerosos actores y personas que trabajaron junto a Spacey salieron a acusar al actor de tocamientos y avances sexuales no consensuados. Y así ha sido desde hace cuatro meses en la industria del entretenimiento. Cada nueva acusación ha enfrentado a casos ya denunciados con anterioridad como los de los directores Roman Polanski y Woody Allen o actores como Charlie Sheen. Por otro lado, actores y directores como Brett Ratner —Director de X-Men 3—, James Franco, Dustin Hoffman o Louis C.K. han sido acusados por primera vez.


Durante la premiación de los Globos de Oro en enero de 2018, se visibilizó —aún más— el movimiento #MeToo, traducido a “yo también”, movimiento que tiene sus orígenes en MySpace en 2005, cuando la activista Tarana Burke utilizó el hashtag para denunciar abusos sexuales hacia mujeres afroamericanas. La actriz Alyssa Milano, como reacción a los actos de Weinstein decidió utilizar el hashtag para contar su historia y las de muchas otras mujeres que fueron acosadas o abusadas en algún momento de su vida. En los Globos de Oro se unió la iniciativa Time’s up, —”el tiempo se acabo”—, donde numerosas actrices se vistieron de negro y crearon un fondo para apoyar a las mujeres que habían sufrido algún tipo de abuso dentro de la industria. Oprah Winfrey dio un poderoso discurso al aceptar el premio Cecil B. DeMille en donde reivindica el movimiento y dice: “Quiero que las niñas que nos vean, sepan que se acerca un nuevo día en el horizonte, y cuando ese día por fin amanezca, será por un montón de esas magnificas mujeres, y hombres fenomenales que están peleando para convertirse en los líderes que nos llevarán a una era en la que nadie tenga que decir: yo también”.


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Una de las cosas que más me han impactado respecto a este tema ha venido de la gente más común y corriente que las estrellas. En estos meses ha sido muy común ver de páginas de Facebook, Twitter y comentarios de medios de comunicación en donde muchos han cuestionado a las mujeres y hombres que han tenido la valentía de dar un paso adelante y denunciar a quienes abusaron de ellos. No nos ponemos en los zapatos de las personas, caemos en los mismos errores de siempre. Caemos en el estereotipo de que la mujer, en este caso la actriz solo quiere la demanda para poder vivir con todos los lujos del mundo, creemos que el actor solo quiere acusar para poder revivir su carrera.


Son pocos los casos, como el de Weinstein en donde hemos creído a las actrices, pero hemos pasado décadas negando que Hollywood tiene un problema. Y eso es un síntoma que se traslada sin duda alguna a nuestra sociedad, a como tratamos a nuestras mujeres. A que no las creemos.


Queria poner como ejemplo a Hollywood para hablar de las cifras de nuestra realidad. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censo demuestra que 6 de cada 10 mujeres han sufrido de algún tipo de violencia de género. 1 de cada 4 ha vivido algún tipo de violencia sexual. 9 de cada 10 mujeres divorciadas sufrieron algún tipo de violencia durante el matrimonio. La violencia hacia la mujer sobrepasa o se queda cerca del 50% en las 24 provincias de nuestro país. En Ecuador hay un gravísimo problema de violencia de género. Pero no les creemos. No les creemos hasta que su vida se apaga. No les creemos hasta que es muy tarde.

Preferimos centrarnos en las culpas. Y las culpas siempre son de las mujeres. “¿Por qué subió a la habitación de Weinstein?” se podría equiparar a “¿Por qué se fue vestida de esa manera?”. Al “Pero como se va el chico a una fiesta, teniendo solo 15 años” con el “Pero ella como se emborracha de esa manera”. La culpa nunca es del abusador. Preferimos dar el beneficio de la duda a nuestros ídolos diciendo: “Pero no sabemos si es cierto”, tenemos el atrevimiento de dudar de las evidencias, de dudar de la mujer, y hacerla sentir sola. Solo porque amamos a James Franco en Freaks and Greeks o porque Stan Lee nos dio a Spider-Man, Wolverine o Iron Man. Eso se podría igualar a que no podemos creerlo porque amamos a nuestro hermano, hijo, padre o amigo. Pero en Ecuador pasa, como en el resto del mundo los protegemos, aún si es que la evidencia es abrumadora. Y dejamos desprotegida a quien más lo necesita. A quien no le han creído desde tiempos inmemorables.


Muchos creen que las consecuencias sanan con el paso del tiempo, pero eso no es cierto. Ni de cerca. Son cicatrices que no sanan, no se vuelve de eso, algunas veces empeora, la víctima puede desarrollar depresión e incluso contemplar la idea de quitarse la vida. En otros casos, por creencias inculcadas en las familias o malos consejos, ellas se quedan al lado de su abusador, lo que suele acabar terriblemente mal. Prueba de ello, según la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, en Ecuador se registraron 151 casos de femicidio. Esa es una realidad que debemos mejorar. Mujeres y hombres por igual. Y no pensemos que eso no pasa con los ricos ni con las estrellas. El caso Weinstein ha demostrado que es un mal que esta en todos los rincones de nuestro mundo. Es porque Hollywood es un espejo de la sociedad.

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