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  • Esteban Vivar

La ilusión de la Ronda



“Nuestro mundo se está convirtiendo en un conglomerado de simulaciones que genera modelos virtuales sin orígenes en la realidad” J. Baudrillard

A medida que el tiempo pasa, las sociedades dependen cada vez más de lugares ficticios como medios de generación económica. Algo que genera la creación de espacios hiperreales dentro de nuestra sociedad, en el caso de Estados Unidos: Las Vegas, Hollywood y Orlando. En el caso del Ecuador (más específicamente hablando de Quito), un espacio sumamente explotado e hiperreal, es la calle de la “Ronda”.


Como medida para generar e impulsar el turismo, el gobierno local decidió remodelar esta pequeña calle para hacerla más amigable para los turistas, el problema yace en que las fachadas fueron lo único que cambió, pero la decadente realidad socio/económica del centro histórico sigue siendo exactamente la misma; es un enfoque forzado de lo que fue, y no de lo que debería ser.

La ilusión de la ronda nace de la necesidad de generar espacios para turistas tanto nacionales como internacionales. Y durante un tiempo fue una buena alternativa para generar desarrollo en dichas áreas. Sin embargo, la herencia colonial se ha transformado en una carga para las personas que viven dentro de ella, ya que el Estado y la Alcaldía están más preocupados de la imagen que se muestra del Patrimonio Cultural de la Humanidad y no de la cruda realidad de sus habitantes.

Uno puede sentirse seguro dentro de las dos cuadradas donde se encuentra la famosa calle, pero si sales de los espacios establecidos, la inseguridad aumenta, la ilusión y la hiperrealidad se rompen. La tasa de criminalidad es muy alta todavía, inseguridad generada por la falta de trabajo formal, ya que ha raíz del impulso del turismo, se ha generado un alto índice de trabajo informal.

La rehabilitación urbana tiene que estar enfocada principalmente en ayudar a las personas que habitan dichos espacios, el turismo tiene que ir de la mano con el mejoramiento de derechos como el acceso a la educación, la salud y la seguridad.

Pero esta realidad solo es una clara consecuencia de la negligencia de los representantes democráticos, el hecho de que la prostitución y el narcotráfico reinen los espacios públicos, a solo media cuadra del Palacio de Carondelet, el Palacio Arzobispal y el Palacio Municipal, destapa un completo abandono al mejoramiento de la sociedad.

Es tiempo de dejar los cambios de fachada y empezar a desarrollar el futuro de nuestra herencia histórica.

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