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  • Adrianne Robinson

Mujer, no me gusta cuando callas



Me gusta cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, distante y dolorosa como si hubieras muerto.

- Pablo Neruda



Esta mañana me senté a revisar El Comercio, y una noticia, en especial, me llamó la atención despertando en mí una profunda tristeza: Samira, estudiante de Medicina víctima de femicidio, soñaba con ser pediatra.


No es novedad escuchar cada semana y cada mes, "que el marido la mató", "el novio la estranguló", "las hallaron muertas y violadas", o que "la golpearon por celos". Ahora, una mujer joven, pronta a graduarse en medicina, de repente es asesinada trágica e injustamente por su novio. Una y otra vez, se repiten los casos: una voz apagada, un sueño roto, una vida truncada... Todo, producto de la violencia de género.


Así como en el poema de Neruda, tantas mujeres callan, escondiendo tras de sí una triste realidad: el maltrato que sufren cada día, convirtiéndose en potenciales víctimas de otro delito de este tipo.



¿Qué es el Femicidio?


El Femicidio, tipificado como delito por el art. 141 del Código Orgánico Integral Penal, consiste en la muerte de una mujer como resultado de su condición de género debido a relaciones inequitativas, que están basadas en el poder manifestado violentamente. La sanción para esta clase de delitos va desde los veintidós hasta los veintiséis años de cárcel.

La violencia inicia con agresiones físicas, maltrato psicológico (insultos y trato denigrante hacia la mujer), y/o abuso sexual. De este modo, el fallecimiento de las víctimas, es el resultado de este círculo vicioso de violencia que, también incluye amenazas. No obstante, cada caso es diferente.



Causas y consecuencias del Femicidio


Varias son sus causas y sus consecuencias en la sociedad. En primer lugar, un sistema patriarcal que fomenta el machismo, da lugar a la violencia de género. El machismo consiste en la creencia de la superioridad del hombre sobre la mujer, lo cual propicia la discriminación y la subordinación hacia éstas.


En segundo lugar, las políticas dentro del sector público o privado muchas veces reproducen la desigualdad de género, situando a la mujer en un rango inferior. Un ejemplo, es la desigualdad laboral con la brecha salarial, donde el sueldo de los hombres es mayor.

En Ecuador, un sondeo realizado por el INEC en diciembre del 2017, mostró que una mujer gana aproximadamente USD 74 por debajo de lo que percibe un hombre. Es decir, el salario de una mujer es un 25% menor al de un hombre. Culturalmente, se piensa -erróneamente- que una mujer está ligada mayormente a su familia, por lo cual su productividad laboral es "más baja". Al contrario se cree que un hombre, al ser más independiente de las labores del hogar, cuenta con mayor tiempo libre y productividad.


En tercer lugar, muchos de los agresores alegan como principal motivo de violencia, los celos y la separación de su pareja. Finalmente, las drogas y el consumo de alcohol aumentan el riesgo de agresiones por parte de los hombres hacia las mujeres.


Las consecuencias tienen un efecto dominó en la sociedad. Las sobrevivientes quedan marcadas con secuelas físicas, emocionales, y psicológicas; además del estigma social que conlleva vivir en un lugar donde aún, lamentablemente, se escucha la famosa frase: "Aunque pegue, marido es". En familias donde el abuso y la violencia son continuos, es mayor el riesgo de que los hijos sigan patrones de maltrato en sus relaciones futuras. Por otro lado, la violencia anula la unidad familiar, desintegrándola totalmente. Entonces, si una familia es el núcleo de la sociedad, la desvinculación influye en diferentes áreas, como: la salud de sus integrantes, por el riesgo de consumo de drogas; la educación por la deserción escolar; y en el aumento de la discriminación y violencia, que continúan con este círculo vicioso. Como resultado, la convivencia pacífica queda minada.



¿Las mujeres exageramos las cosas? ¿Nos victimizamos?


Hay actitudes que, aparentemente son "tonterías", a las cuales no se les debe prestar atención. Incluso, a veces escucho decir que los comentarios en las calles no son gran cosa, que exageramos simplezas. Sin embargo, pensar de esa manera, implícitamente agrava el problema. Imaginen: ¿cuántas mujeres evitamos caminar por ciertos lugares, debido al constante acoso que recibimos? ¿cuántas dejamos de usar la falda que nos gustaba para evitar miradas y comentarios lascivos? ¿cuántas fuimos agredidas por responder indignadas ante tales actitudes? En junio del 2017, un hombre murió apuñalado en el cuello, a plena luz del día, por defender a su novia de los comentarios depravados de otro; y aún así, ¿no importa lo que te dicen en la calle? Aún así, ¿son tonterías?


Datos de la ONU muestran que, el 35% de las mujeres en el mundo han sido víctimas de violencia o abuso sexual por parte de sus parejas o violencia sexual por parte de una persona distinta. Estudios a nivel local muestran que cerca del 70% de las mujeres han sufrido maltratado físico, psicológico o sexual, provocado por su conviviente. En Ecuador, según la CEDH, a lo largo del 2017 se reportaron cerca de 132 casos de femicidio, las edades de las víctimas van desde los 13 a 70 años; el conviviente fue el agresor en 39 casos, el exconviviente en 21, un pariente en 10, el novio en 9, el exnovio en 2, y el amigo en 3. La mayoría han muerto apuñaladas -en 30 casos-, estranguladas en 23, golpeadas en 13, y por disparos en 18. La provincia de Pichincha está entre las que más casos registra.


Ante estos datos, queda claro que no se trata de ninguna exageración, ni mucho menos, victimización. Existen disparidades de género, existe la violencia, existe el acoso. El objetivo no es satanizar ni condenar a los hombres como únicos culpables, puesto que ellos, al igual que las mujeres, también son influidos por tradiciones y costumbres discriminativas y prácticas socialmente aceptadas que deben reconfigurarse. El verdadero objetivo es visibilizar una cruda realidad que nos afecta y que, por tanto, debemos cambiar.


El gobierno y las autoridades, junto a varias organizaciones de derechos humanos, han desarrollado campañas preventivas contra la violencia de género. Sin embargo, no podemos quedarnos de brazos cruzados dejando que otros, los que están arriba, se encarguen de todo. Es parte de nuestra tarea ética reflexionar acerca de nuestros valores y costumbres dentro de nuestra familia, en las relaciones con nuestra pareja, amigos, y en general. Si descubrimos que, tal vez, nosotros estamos incurriendo en maltrato hacia alguien, especialmente una mujer, lo mejor que podemos hacer es cambiar nuestro comportamiento, reeducarnos y contribuir reeducando al resto.


¿Cómo saberlo? La violencia, la agresión, usualmente inician con gritos o bromas que incluyen insultos, depende del caso. Lo cierto es que, es muy fácil iniciar el maltrato, pero muy difícil darse cuenta cuando lo propiciamos. De modo que, esta es una oportunidad para que pensemos en nuestra actitud y reconsideremos ciertos hábitos. Por ejemplo: ¿Gritamos a nuestra pareja, hijos o personas cercanas? ¿Insultamos? ¿Llegamos a casa y no ayudamos en el quehacer, porque de eso "se encargan las mujeres"? Si son padres, ¿se acercan a sus hijos o dejan todo el trabajo para su esposa? ¿Creen que la emotividad y la empatía es solamente propio de mujeres?


Todo cambio empieza por uno mismo. Recuerden, también está en nosotros cambiar la realidad, tenemos el poder de hacerlo. Por eso hago un llamado a todos, indiferentemente de su género o condición, a no callarnos más, a no detenernos a filmar lo que pasa o mirar sin hacer nada. Los llamo a actuar, a dejar de justificar el maltrato, a hablar abiertamente sobre este tema, a enfrentarlo.


Este 23 de febrero perdimos a una mujer alegre y futura pediatra, ¿quién sigue? ¿cuántas más tienen que morir? ¿la próxima puedo ser yo?




Mujer, no me gusta cuando callas,

ni cuando, injustos, tu sangre derraman

Mujer, quiero verte sonreír

y que tu risa resuene en mí,

como el trinar de las aves

Quiero mirarte y escucharte,

Quiero que hables, que grites,

que tu luz sea esperanza y tu lucha, la paz

Mujer... ¡quiero que vivas!



En memoria de Samira y las que ya no están.


- Adrianne





Créditos Foto: Ministerio de Justicia

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