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  • Esteban Vivar

Nuestra herencia Nefasta



Han pasado ya 39 años desde el “Retorno a la Democracia” y parece ser que la democracia ecuatoriana, sigue en pañales.

Quedan pocos días para votar a favor o en contra de las diversas preguntas a la consulta popular. Entre ellas destaca la pregunta 2, sobre la reelección indefinida; no solo por la coyuntura de figuras políticas que necesitan de la reelección para volver a convertirse en candidatos, sino por la directa influencia que dicha pregunta tendrá en la vida democrática de nuestro país.


El Ecuador siempre se ha caracterizado por tener una dicotomía democrática, por un lado gobiernos altamente disfuncionales, cuyo período nunca pudo ser culminado, y por el otro, gobernantes democráticos que se asemejan más a una dictadura que a un cargo de elección popular.


¿Cómo hemos permitido esto?


Como podemos observar a lo largo de la historia ecuatoriana, siempre han existido este tipo de sucesos, ya sea entre figuras históricas como Gabriel García Moreno con el Partido Conservador Ecuatoriano, Eloy Alfaro con el Partido Liberal Radical Ecuatoriano, hasta figuras más contemporáneas como León Febres Cordero con el PSC y Rodrigo Borja con la ID; hasta llegar a la lucha de poder interna entre Rafael Correa y Lenín Moreno.


Es evidente que en la política ecuatoriana solo el más "fuerte" puede sobrevivir. Pero la lucha feroz por el poder solo ha dejado un país desangrado, una democracia débil y una necesaria alternabilidad de representación.


En fin, nuestra historia democrática no ha sido destacada por una lucha entre partidos o ideologías, sino entre personas. Lamentablemente dicho suceso se debe a la falta de alternabilidad a la cual nos hemos acostumbrado y a la falta de generación de figuras nuevas en dichos organismos de representación.


Lo que en verdad importa no es respaldar una lucha de egos y ambición, es respaldar la conformación de organismos de elección popular, cuya base este permanentemente dialogando y generando espacios para la creación de cuadros nuevos.


Uno de los principales problemas de la política son los candidatos que desean hacer carrera política para siempre. Aclimatándose a cualquier circunstancia, ni siquiera Charles Darwing podría prever su infinita capacidad de adaptación. Pregoneros de la izquierda vueltos a la derecha y viceversa. Se vuelven esclavos de su posición y presos de su propia ambición.


Por esta razón necesitamos que los políticos no velen por su puesto y por sus preciadas encuestas de aceptación, sino que tomen las difíciles pero necesarias decisiones para cambiar al país, aún a sabiendas del costo político.


Ya que la política no debe ser medida en votos, debe ser medida en resultados. Y lamentablemente los resultados de tan arduas decisiones solo podrán verse a largo plazo.


Es tiempo de dejar el cortoplacismo a un lado y empezar a crear soluciones históricas para la actual necesidad del país.




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