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  • María del Carmen Monteros

Política y Movimientos Indígenas en Ecuador y Bolivia



“Lo que verdaderamente distingue las luchas indígenas de las restantes luchas sociales en el continente americano, es el hecho de reivindicar una precedencia histórica y una autonomía cultural que desafían todo el edificio jurídico y político” (Boaventura de Sousa Santos).

El movimiento indígena a nivel de América Latina, se ha constituido en uno de los pilares en los que se ha apoyado el reconocimiento de derechos colectivos, plurinacionalidad e interculturalidad, perseguidos por los pueblos y nacionalidades indígenas.


Al final de la última década, Bolivia y Ecuador fueron los dos países latinoamericanos que pasaron por transformaciones constitucionales más profundas en el curso de movilizaciones políticas, protagonizadas por los movimientos indígenas y otros movimientos y organizaciones sociales y populares.


Es así que, no es de extrañarse que las dos constituciones contengan embriones de una transformación paradigmática del derecho y el Estado moderno, hasta el punto de resultar legítimo hablar de un proceso de refundación política, social, económica y cultural.


En las Constituciones de Ecuador (2008) y en la de Bolivia del año (2009), el reconocimiento de los derechos colectivos, la plurinacionalidad y la interculturalidad se ve reflejado en el proyecto del Estado plurinacional. Sin embargo, los resultados, procesos y caminos recorridos por el movimiento indígena de ambos países hacia el Estado plurinacional, presenta ciertas similitudes y diferencias históricas, políticas, económicas y sociales.


ECUADOR



El movimiento indígena en Ecuador, desde la historia, se ha caracterizado por la constancia en la acción colectiva de sus integrantes, su articulación contrastaba con la fragmentación del movimiento indígena Boliviano. Así, Víctor Bretón en el año 2003 manifestaba que la intensidad y constancia de las acciones colectivas del movimiento indígena ecuatoriano, no tienen paralelo en América Latina.


Esta articulación consolidada del movimiento indígena en Ecuador, resulta evidente con la creación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) en 1986, puesto que logró aunar el movimiento indígena de la Sierra ecuatoriana (ECUARUNARI) y de la Amazonía ecuatoriana (CONFENAIE); a partir de los 90 se integra también el movimiento indígena de la Costa Ecuatoriana (COICE). En este mismo año la CONAIE organiza un levantamiento que logra coordinar las acciones del movimiento en el interior y articula sus discursos con el proyecto del Estado plurinacional.



BOLIVIA



Ahora bien, en Bolivia la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) creada en 1979, no logró aunar al movimiento indígena como sucedió en nuestro país. Ello, debido a que en los 80 los movimientos del Altiplano boliviano se fragmentaron con la participación de distintas secciones del katarismo (tendencia política en Bolivia que recibe el nombre del dirigente indígena del siglo 18, Túpac Katari, que se fundamenta en lograr que los pueblos indígenas emerjan) en la arena electoral, y el funcionamiento cupular de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia que rechazaban a la política del katarismo manifestando que es un legado colonial. Además, hubo tendencias del radicalismo Aymara que aparece a fines de los 80 y principios de los 90 como guerrilla.


Los Pueblos del Oriente de Bolivia se organizaron desde 1982 en la Confederación Indígena del Oriente Boliviano, en estrecha relación con organizaciones no gubernamentales.

Posteriormente, en 1998 el movimiento indígena en Bolivia logra articularse y consolidarse gracias al Movimiento Indígena Pachakuti, liderado por Felipe Quispe, quien fue secretario de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.


Existen algunos marcos de acción colectiva que pueden ser un referente interpretativo sobre lo que sucede hasta aquí con las diversas acciones tomadas por los movimientos indígenas de Ecuador y Bolivia. Estos marcos son: DIAGNÓSTICO: determinación del problema; IDENTIDAD: autodefinición de un nosotros que está de acuerdo con una solución a los problemas; y un PROYECTO: que justifica la acción colectiva.


El diagnóstico del problema es similar en ambos países: romper con los vínculos del colonialismo, centralismo burocrático, capitalismo dependiente y el canon cultural occidental.


Sobre la identidad es preciso mencionar que los integrantes del movimiento indígena no debían solamente establecer similitudes que reúnan características compartidas, sino definir quienes son sus enemigos comunes. Pues, si ellos son los explotados y oprimidos, auto-definiéndose como una clase que ha sido dominada, el adversario sería el Estado Uninacional Burgués.


El Proyecto es el Estado Plurinacional, categoría que aparece en la tesis política de Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la que buscaba integrar al indígena a la nación y reconocer los distintos pueblos y nacionalidades indígenas que conforman nuestros Estados. Discurso que tuvo acogida en Ecuador, pues el proyecto del reconocimiento del Estado Plurinacional se constituye en el objetivo del movimiento indígena, siendo objeto de debate público y estableciéndose como el concepto enmarcador; a diferencia de lo que sucede en Bolivia, pues las organizaciones de Oriente se identificaron como pueblos y no perseguían la denominación de nacionalidad, ligando sus demandas al territorio y autonomía, más que al Estado Plurinacional.


El radicalismo Aymara buscaba reivindicar la autodeterminación de las naciones originarias. En el año de 1996, en Bolivia se reconoce la pluriculturalidad en la Constitución. Es por ello que la disrupción discursiva generada por la fragmentación organizativa, solamente termina en el 2004 con el “Pacto de Unidad”, que reunió a las diferentes organizaciones indígenas y sociales para lograr aglutinarse en el proyecto del Estado Plurinacional.


Mientras que en Ecuador, la CONAIE logró enmarcar su política en el marco del proyecto del Estado plurinacional, con sus demandas y sectores que tenían un claro objetivo a largo plazo (1998).


El nivel de represión tiene gran incidencia en la forma de los repertorios de acción colectiva. Cuando disminuye la capacidad de represión estatal de la protesta, es más factible que emerjan movimientos poco institucionalizados, esto fue lo que sucedió en Ecuador y lo que marca el declive de participación del movimiento indígena que fue visto como una minoría incapaz de realizar acciones por sí misma.


Es así que en Ecuador, con la Constituyente de 1998, fueron reconocidos amplios derechos colectivos, hecho que no satisfizo las demandas indígenas, pues el movimiento no alcanzó gran representación en la Constituyente y no se reconoció la plurinacionalidad, ni la justicia indígena, que pone en tela de juicio 3 principios fundamentales del derecho modero eurocéntrico: soberanía, unidad y autonomía.


En el año 2000, la efímera toma del poder junto con sectores del ejército, provocó intensos debates internos.


En 2002 Pachakutik hizo una coalición para las elecciones presidenciales con el ex-coronel Lucio Gutiérrez y su partido Sociedad Patriótica. Pero el ascenso al poder de Lucio Gutiérrez representó más costos que beneficios, pues el ex mandatario Gutiérrez se alió al partido de derecha: social cristiano. Así, el Movimiento Indígena salió del gobierno deslegitimado, lo que coartó su capacidad de movilización. Mientras estuvo en el Gobierno, la CONAIE perdió contacto con sus bases campesinas, se profundizaron sus diferencias con la FENOCIN (Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras) y la FEINE (Organización de los Indígenas Evangélicos en Ecuador) y se disolvió la alianza con sectores no indígenas.


El movimiento indígena decae con los nuevos modelos socialistas, que divisaban como vía rápida de superación al subdesarrollo, la explotación de recursos naturales.


Solo en el 2008, la nueva constituyente reconoce al Ecuador como Estado plurinacional, reconociendo también los derechos de la naturaleza y los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades indígenas. No obstante, este reconocimiento es solo formal y no material, como se evidencia con algunos procesos judiciales que han llegado a instancias internacionales (como el caso Sarayaku), en donde se comprueba la vulneración de derechos a la naturaleza y a los pueblos y nacionalidades indígenas por parte del Estado y sus políticas no eficaces.


Contraria realidad la de Bolivia, Estado que pese a la represión del indígena por ser mayoría poblacional, se desata un “ciclo rebelde” entre 2000 y 2005. El ciclo boliviano se produce en el contexto de derrumbe del modelo de la democracia pactada y de frustraciones con las expectativas de participación que alentó la Ley de Participación Popular.


En 2005 el triunfo de Evo Morales conlleva a la ruptura fundamental, pues pese a las tensiones de su gobierno con los movimientos indígenas, por primera vez un indígena ocupa este cargo y el proceso constituyente de 2009 reconoce al Estado como plurinacional.


Ambos gobiernos triunfan con un discurso atípico: antiimperialista y protector de los derechos colectivos y territorios ancestrales, reconociendo la plurinacionalidad y los derechos de la naturaleza. Sin embargo, promueven como medida económica sostenible y sustentable a largo plazo el neoextractivismo, para la superación y erradicación de la pobreza, medida antagónica a lo que promueve el nuevo estado desarrollista: concreción de los derechos de la naturaleza en Ecuador y de la madre tierra en Bolivia.



CONCLUSIONES


  1. El movimiento indígena en Ecuador se debilita, al mismo tiempo que en Bolivia se fortalece.

  2. Uno de los obstáculos en Ecuador para el desarrollo del Estado Plurinacional, es que las demandas para constituirse como tal, son concebidas por los adversarios como un proyecto que equivale a fragmentar la nación (por el concepto de plurinacional).

  3. El proyecto Plurinacional no es solo para los indígenas, requiere transformaciones estructurales en el modelo de desarrollo y el sistema político conformado por otros sectores sociales.

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