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  • Daniela Fuentes

¿Por qué la artesanía?



Desde hace tres años he invertido una buena parte de mi tiempo en un proyecto que amo profundamente: Manos de Colores. Nuestro objetivo es constituirnos como una empresa social que genere oportunidades para mujeres indígenas haciendo uso de su patrimonio cultural como nuestra más poderosa herramienta. ¿Cómo? A través de conjugar artesanía, diseño y co creación.


Queremos que la artesanía ecuatoriana sea el tango argentino, la comida peruana, el diseño suizo. En cada rincón del Ecuador nos hemos encontrado con verdaderos tesoros profundamente ricos e inmensamente diversos, y somos un equipo convencido de que ese trío, artesanía, diseño y co-creación, son clave en la generación de una economía creativa en el país.


Una economía creativa es una oportunidad que ya se está aprovechando en otras latitudes. Es la generación de un ecosistema en el que el conocimiento, el intelecto y la creatividad sean valorados como una actividad económica que aporta al PIB, que además genera empleo, impacta en la balanza comercial y sobretodo permite que las y los creadores vivan de su obra y así se garantice la generación de contenidos libertadores y disruptivos.

Para lograr esto, son necesarias una serie de políticas y acciones coordinadas desde las diferentes instancias de gobierno y es necesario, además, un cambio de mentalidad, de entender que el arte no es sólo un pasatiempo, sino que tiene un valor. Por eso, entre otras cosas, la gratuidad de los bienes y servicios culturales no puede ser una política pública cultural.


Y en este contexto, ¿por qué la artesanía?


La artesanía es reconocida como parte de la diversidad cultural de los países, en ella se conjugan varios saberes y lógicas locales: el uso de materias primas, técnicas particulares, procesos de cohesión, asociación, dinámicas comunitarias propias, iconografía y símbolos, mitos, rituales y prácticas, funcionalidad de los objetos , entre otros. A través de las piezas artesanales se puede conocer a un grupo humano, pues en ellas se expresan las lógicas y dinámicas propias de cada cultura.


Existe una profunda relación entre la artesanía y los pueblos y nacionalidades en el Ecuador. Indígenas y afrodescendientes son los grupos más pobres del país pese a representar, en conjunto, el 14% de la población, y de entre ellos, las mujeres son las que viven en peores condiciones. Apostar por la artesanía es confiar que en los saberes propios de pueblos y nacionalidades, y en concreto de sus mujeres, pueden ser un mecanismo para superar las brechas de desigualdad.


Cada vez menos jóvenes se dedican a la artesanía. Estos saberes están en peligro de extinción porque el oficio artesanal no es rentable, y cada vez más las y los jóvenes buscan otras opciones de ingresos económicos. Así, dedicarse a la artesanía es considerado una pérdida de tiempo, porque es una condena a vivir en la pobreza; esta realidad tiene que ser invertida.


Una pieza artesanal no resulta rentable para sus creadores/as en nuestro país por varias razones: porque se ha permitido una invasión de productos industriales a precios muy inferiores, particularmente de Asia; porque se desconoce el esfuerzo tras una pieza artesanal (se regatea con el artesano, desconociendo las horas de trabajo invertidas), no existe una cultura de consumo responsable, de priorizar el consumo nacional y no se aprecia el producto artesanal, se considera que tiene “menos valor”, que es “rústico” e incluso impera el racismo.


Sin embargo, es necesario recordar que las obras artesanales son sostenibles: se mantienen el tiempo, responden a procesos orgánicos, y se generan desde lo local. Son una alternativa al producto desechable que invade.


Cada pieza artesanal es única: no se pueden hacer dos iguales, lo que le da un valor agregado adicional: tiene una huella única estampada por cada creador/a. Como explica Octavio Paz:


Hecho con las manos, el objeto artesanal guarda impresas, real o metafóricamente, las huellas digitales del que lo hizo. Esas huellas no son la firma del artista, no son un nombre; tampoco son una marca. Son más bien una señal: la cicatriz casi borrada que conmemora la fraternidad original de los hombres. Hecho por las manos, el objeto artesanal está hecho para las manos: no sólo lo podemos ver sino que lo podemos palpar.”2

La artesanía, hecha con las manos, hecha con el cuerpo, es una extensión de nosotros, única en su naturaleza; por ello, que los procesos de creación se enfoquen en el cuerpo, en desacostumbrar las articulaciones, en recibir sensaciones. Trabajar con la artesanía es reencontrarse y reconocerse.


La artesanía pone de manifiesto que existe una inmensidad de conocimientos y saberes invisibilizados. El cambio de la matriz productiva del país, en la economía del conocimiento, debe reconocer a estas sabidurías tan válidas como el pensamiento occidental hegemónico. La artesanía evidencia que no es necesario ir a la universidad para ser un maestro, que existen otras formas de transmisión del conocimiento y del oficio, estructuras locales, formas de organización propias que favorecen la transmisión de las técnicas de generación en generación.


¿Por qué la artesanía? Porque es liberadora. Paulo Freire sostenía que todo ser humano es capaz de decidir por sí mismo y que allí debe centrarse la educación: en la crítica y la liberación para que cada uno tome decisiones respecto de su proyecto de vida.


Podremos tener distintos saberes, distintos recursos, distintas trayectorias vitales, distintas procedencias, distintas formas de ver el mundo, pero tenemos las mismas capacidades para “vernos”, para formar nuevas relaciones y, desde luego, para decidir sobre nuestras vidas aunque, desgraciadamente, a veces estas capacidades estén trucadas por intereses bien marcados por los distintos poderes.” 3

Nuestra herramienta es el diseño: la capacidad de formular soluciones a partir de conocer las necesidades o problemas de las personas. Llegamos con el diseño a un proceso de co-creación, de reconocer la validez de dos saberes diferentes, de rechazar las jerarquías y explorar la complementariedad. Así, la artesanía hace que Manos de Colores sea un proyecto en el que se rompen las barreras entre “ellos” y “nosotros”, y entre los que “necesitan ayuda” y los que “podemos darla” para entender que estamos todos en un mismo lugar para compartir conocimientos, jugar con nuestro cuerpo y crear: crear relaciones, crear objetos, crear formas de trabajo, crear objetivos y crear liberación.


Por eso Manos de Colores se alimenta de la experiencia de Fundación Ciudadano Inteligente (Chile), para nutrirnos de herramientas que nos permitan incidir y así, aportar al desarrollo de una economía creativa ecuatoriana que parta de valorar la diversidad y que promueva el emprendimiento social y cultural para garantizar que nuestra artesanía no se extinga, que sus creadores y creadoras puedan vivir dignamente de ello.



2 Octavio Paz. El uso y la contemplación.

3 Loli Hernández. Antes de empezar con metodologías participativas. CIMAS Cuadernos. 2010. Pág. 9

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