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  • Camilo Mora

Que la cura no sea peor que la enfermedad




El Ecuador amanece luego del Referéndum y Consulta Popular, unos felices y empoderados de haber decidido el futuro de su país, otros no tan felices, pero sintiéndose también ganadores; para entenderlos hay que sacarnos por un momento de la cabeza los framings que nos han brindado los medios, las redes sociales y los actores políticos en los últimos meses.


Aclaremos, para empezar, que si bien la Consulta Popular es un método de democracia directa en la que participamos “todos”, y por mala suerte sobrios, tal vez no son todos, ni tampoco son la mayoría. Hagamos unos cálculos al ojo, el padrón electoral es de 13 millones de votantes aproximadamente, de los cuales unos 10 millones ejercen su derecho al voto, entre estos unos 500 mil optarán por el nulo y blanco, el 51% es decir la mayoría para unas votaciones es de 4 845 000, esto significa que 4 millones 800 mil ciudadanos pueden decidir el futuro de los 16 millones de ecuatorianos; entonces podemos concluir que posiblemente la democracia no es realmente la elección del pueblo, sino la de una gran minoría.


Y si vamos a hablar de grandes minorías es preciso mencionar la que representa Rafael Correa Delgado, un ex presidente, que hueveado y todo, obtiene un 36% de votos en las principales preguntas que apoyó, una cifra nada despreciable para un político que lucho solo contra el resto, ¡y vamos! seamos claros, que esta consulta fue de políticos contra políticos, de ciudadana poco o casi nada. Este porcentaje que obtiene el ex presidente puede tener un grupo de electores bastante heterogéneo. Por un lado, tenemos un 26% de voto duro que votó todo NO porque su líder Rafael Correa Delgado así lo dispuso, electorado que tiene calado el discurso anti partidocracia, del todas y todos, gente que sigue pensando que Mashi Rafael ha sido el mejor presidente que ha tenido el Ecuador, un electorado que difícilmente otro candidato pueda convencer. Y por el otro, tenemos un 10% restante de voto blando, electores que por diversas razones no le dieron el SI al presidente Lenín Moreno, como por ejemplo la unidad entre derecha, centro e izquierda; pues a la gente común, que normalmente es apolítica, le produce inseguridad ver a Moreno, Nebot, Lasso, Bucaram y un sinnúmero de políticos hacer campaña por la misma tesis; otros en cambio, curados por la autocracia de los últimos años habrán entendido que la cura para acabar con la acumulación del poder no es permitirle lo mismo a otro, sino lo contrario. En fin, existen diversas circunstancias que llevaron a la gente a apoyar a Rafael Correa, y que lo dejan vivo aún, porque pensar que Correa ha muerto políticamente es pensar en corto plazo, como lo dijo Gustavo Larrea, uno de los grandes abanderados del SI “en la política no hay muertos, solo hay heridos”, tenemos Correa para largo.


En fin, el Presidente Lenín Moreno se legitima para la mayoría de ecuatorianos, y tiene la oportunidad de descorreizar al país, pero tener frente a él a un animal político como Correa es, por lo menos, un riesgo a tener en cuenta al momento de tomar decisiones importantes; no queda más que seguir con cautela cada una de las decisiones del Poder Ejecutivo, y sobretodo poner atención para que la cura no sea peor que la enfermedad, y que la autocracia de Correa sea “acabada” con un Lenín Moreno súper poderoso que se sienta seducido por el poder, y se convierta en otro violador de derechos fundamentales.

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