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  • Adrianne Robinson

Tu Vida, Tu Legado




"Lo ausente resulta presentable, regresa justo en esa huella. Las personas en la acción misma en que se encontraban cuando fueron diluidas, por el tiempo y los límites de la materia, regresan en ella y muestran la imposibilidad de desaparecer del todo."

- Diego Lizarazo



Cuando tenía 17 años y estaba a meses de terminar el colegio alguien me preguntó cuál era mi mayor miedo en esta vida.


- Morir y no haber hecho nada significativo... El olvido, respondí.


Eso fue justamente lo que se quedó grabado en mí, ya que hay una certeza innegable: todos moriremos en algún momento y con el tiempo nuestra memoria, en relación con el recuerdo que dejamos, correrá el riesgo de perderse. Entonces... ¿Estamos condenados al olvido? y si no, ¿De qué forma seremos recordados luego de morir? ¿Qué es lo que quiero dejar en el mundo?


El domingo 3 de junio del 2018, luego de conocer la obra del pintor Oswaldo Guayasamín, pensé en el legado que dejó, observando cómo su recuerdo permanece tan vivo y presente aún luego de su muerte. Guayasamín es recordado como un gran artista, así como existieron otras personas como el pianista Frédéric Chopin, quien revive en sus Nocturnos y, sin ir más lejos, como aquellas personas que sin ser famosas (un padre, una madre, un hermano, un amigo o un profesor) dejaron una marca más profunda en nuestra mente: una sonrisa, una frase, o un gesto.


A muchos nos asusta morir y ser olvidados, sentir que nuestra existencia es superflua y efímera y que poco a poco será desplazada por el paso del tiempo. A pesar de eso, no estamos condenados a no ser recordados si hacemos algo. Al igual que Guayasamín y Chopin, podemos enfocarnos en descubrir un sentido haciendo algo en lo que no solamente seamos buenos, sino algo que nos apasione. Esto significa, que para no condenarnos al olvido debemos plantearnos un proyecto de vida, el cual irremediablemente involucra la ética.


Ser éticos no es igual a ser moralistas, es saber decidir. Tal como expresó Fernando Savater en la Ética para Amador; la ética consiste en "hacer lo que queremos, que es distinto a hacer lo primero que se nos viene en gana"; porque alguien, para hacer lo que quiere primero debe pensar qué es eso que quiere y cómo quiere encaminar su vida. De modo que aquellos personajes lograron lo que quisieron, el primero decidió estudiar arte contra toda expectativa de su familia, con el único apoyo de su madre; y el segundo se dedicó de lleno a la música. Esa decisión los condujo por un largo camino para poder crear sus grandes obras. Como resultado, aún sin conocerlos en persona, hemos conocido lo que hicieron, mostrando así que la vida vale más por las obras y acciones, que por la presencia misma de su autor.


Esto significa, que una vida es importante por las cosas que damos y recibimos de la gente y lo que nos rodea; no por lo que tenemos (la clase socioeconómica, los conocimientos, la etnia o cualquier factor que nos condicione). De igual forma, una vida no es valiosa por la cantidad de cosas que hacemos o por el prestigio, sino por el impacto de una simple acción o decisión en un grupo de personas, en un determinado tiempo y lugar. Al contrario, no hacer nada que consideremos significativo es como no existir, es una forma de apresurarse a la nada y morir de olvido.


¿De qué forma seremos recordados luego de morir?


Si no tenemos un proyecto de vida específico es difícil saberlo, pero si tenemos algo en mente y hemos visualizado quiénes somos o quiénes queremos ser y dónde queremos llegar, tal vez podemos intuir la forma en la cual nos recordarán.


No necesitamos llegar a ser populares o hacer cosas grandes y admiradas por el mundo para validar nuestra existencia. Lo importante es mostrarnos ante los demás con nuestras marcas y señales, nuestras alegrías, nuestras desilusiones y nuestros ideales, siendo capaces de decidir entre todas las opciones y escoger la que más nos acerca a lo que queremos. He allí la importancia de la ética, del arte de construirnos con nuestra reflexión y con la enriquecedora presencia del otro, en un mundo tan lleno de vida, en cada experiencia del presente, con el aprendizaje del pasado y la visión del futuro. Ser éticos es procurar un saber vivir que nos hace trascender, es decir, saber distinguir entre lo que nos conviene y lo que no.


En mi caso, aún estoy buscando qué es lo que me hace trascender y escribir es un intento por descubrirlo. No sé en dónde terminaré en el mañana, pero si ahora estoy plasmando una huella, quisiera que llegase -al menos- a una persona, quien está leyendo estas líneas.


No obstante, esto no pretende ser una receta sobre qué hacer, porque la ética es individual, cada uno la construye. Ser éticos es un salto de conciencia, que implica vivir con el coraje de ser auténticos. Así, dejamos mediante nuestros actos, una reminiscencia que evitará que desaparezcamos del todo, al igual que un ave fénix que renace de sus cenizas.


La memoria nos hace inmortales y se fortalece cuando nuestra imagen sobrevive en la mente de los otros.


La pregunta clave es, ¿cuál es el legado que queremos dejar?


Mi legado, posiblemente, es entender y compartir mis ideas por más simples o erradas que sean. En el mundo existen seres humanos, cual sobrevivientes, impregnan su existir en las cosas presentes. Sin embargo, hay otros que sin superar la fatalidad caen en el olvido, una forma triste de morir. Es natural temerle, pero este puede ser el impulso que nos lleva a actuar. Tal vez, el temor a desaparecer es el principio de la reafirmación de nuestra existencia.


Nosotros podemos elegir ser los sobrevivientes y trascender las limitaciones del tiempo y el espacio. Podemos elegir impregnar con nuestra esencia un lugar en la memoria del mundo.


Pues, a través de una obra...


"Siempre voy a volver"

- Oswaldo Guayasamín





Fuentes:


- Video - Theodor Adorno: El arte lucha contra el olvido

- Savater, Fernando (junio de 2009) [Primera edición abril 1991]. Ética para Amador. Barcelona: Ariel.





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